El cura es la Estrella

Casto Sendra, Manuel Alexandre, Miguel Ángel Rellan

En la sacristía Paquito ayuda a vestirse para la Misa a Don Andrés, el párroco (Casto Sendra «Cassen»). A su lado está Carmelo, el borracho del pueblo (Miguel Ángel Rellán), que se emborracha con el vino de consagrar: «Fíjese usted, Don Andrés, si no podría yo embo­rracharme con cualquier otra cosa…» «Pues es pecado venial -responde el cura-, eso que lo sepas. Aparte de que nos produces un gasto del demonio». El sacristán apostilla: «Porque las monjitas le han puesto un precio que, ¡me cago yo en las monjitas!». El cura le reprende sin acritud: «No digas esas cosas, padre». «Pero si lo digo sin sentido, hijo». Carmelo pega otro lingotazo a la garrafa del vino. «Yo creo que no va a haber bastante para consagrar», dice Paquito. «Si, hombre, si -le tranquiliza el padre- A poco que haya… En eso estamos muy cubiertos teológicamente». «Aparte de la sensación de pobreza que se da. Van a pensar los fieles que nos estamos ahorrando la colecta», se queja el sacristán. El cura, como si fuera un primer actor antes de salir a escena, encarga a su padre que mire a ver cómo está de público. Paquito se asoma a la iglesia y comenta: «¡Un llenazo! Como todos los días. Salimos a local lleno». Me viene ahora el recuerdo de la desazón del pastor de Los comulgantes de Bergman al comprobar que se ha quedado sin fieles, sensación que se repetía más recientemente en Ita­liano para principiantes de Lone Scherfig.

Rodaje en Ermita de Belén (Liétor).